Cuando en el año 1473 D. Pedro Villandrando, Conde de Ribadeo pagaba a la iglesia con vino, trigo y cebada producidas en esta tierra de Fuentes de Duero, no podía imaginar que más de 500 años después, la influencia del Duero seguiría fomentando estos productos nobles.

Han pasado muchos años, el Duero sigue bañando estas tierras, sus aluviones remarcan las características de estos vinos, fruto del sol, de la tierra, del agua y del hombre.

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